jueves, 15 de junio de 2017

Una dosis de sentido común


«Acabo de leer acerca de alguien que piensa abandonar la Iglesia por las acciones del Papa Francisco, en particular por su reciente y polémico nombramiento en la Pontificia Academia para la vida... ¿Mi reacción? Necesitamos dejar de entender el catolicismo de manera vaticano-céntrica. Claro, el Papa es el Sumo Pontífice, pero nuestra fe no debe depender obsesivamente de cada palabra, decisión o tweet emitido por el Vaticano. No se supone que sigamos "los asuntos del Vaticano" como si fuera un deporte. Creemos en la Escritura y la Tradición, que son inmutables, y el Papa está allí (entre otras cosas) para aclararlas para nosotros cuando hay necesidad. Sólo recuerde que durante casi toda la historia de la Iglesia los católicos no tenían manera de saber, y mucho menos de preocuparse, sobre las decisiones cotidianas tomadas en el Vaticano (o en Letrán, Aviñón o lo que fuera). A menudo los católicos no tenían manera de saber “quién” era el Papa en ese momento. Y esto no les impidió ser buenos católicos, obedientes. Así que tengamos cierta perspectiva y detengamos nuestra “papolatría”, nuestra fijación obsesiva con el Papa.» (Francisco J. Romero Carrasquillo).

7 comentarios:

Alfredo Argento dijo...

Excelente. Cada vez que alguien comente que piensa abandonar la Iglesia por las "acciones de Francisco" le pegare el contenido de este artículo.

Jordi Morrós Ribera dijo...

Uno de los "posts" con más sentido común que he leído últimamente en este blog.

Jorge Rodríguez dijo...

Lo que te hace dejar la Iglesia es la herejía. Por lo tanto, si conserva la fe integra, y está bautizado, no deja la Iglesia. Esto vale para el papa y para el laico.

Anónimo dijo...

El cisma te deja la fe integra y te saca de la Iglesia

Cesar Pozuelos dijo...

Tienen razón los que critican a los católicos, porque sólo son moralistas ... Hoy día muchos están "despertando del letargo", cuando ven amenazados el 5o., 6o. y 9o. Mandamientos, pero los cambios "pastorales" impuestos por el ala modernista en el VII, llevan al quebrantamiento de los más importantes del Decálogo, del 1o. al 3o.
La abrumadora mayoría pareció decir, "mientras no toquen la moral, pueden hacer lo que quieran con Dios y su culto"; pero lo que no previeron es que una vez roto el dique en pleno centro, la inundación modernista, el humo de satanás, los demonios del sexo, no tendrían cómo ser contenidos.
Quien sabe si es muy tarde.
Y por cierto, se puede permanecer en la Iglesia, única arca de salvación, sin abandonarla, resistiendo a las órdenes que buscan la destrucción de la fe, como recomiendan Santo Tomás y San Roberto Belarmino, entre otros.

atienza dijo...

No es una cuestión de paplatria, sino de fe. Planteo esta pregunta que no se contestarme: Cómo puedo pertenecer a una Iglesia en la que, dependiendo de dónde estés, podrás o no cumulgar si estás divorciado y casado nuevamente, en la que dependiendo con que autoridad eclesiástica hables, debes mostrarte radicalmente en contra del aborto o hay que ser prudente
, en donde puedes ser profesor de religión, divorciado y juntado con otra pareja en tanto que a otra persona se le expulsa por el mismo motivo, simplemente porque ha tenido la osadía de manifestar su situación publicamente... Esto da asco y punto, ni papolatria ni leches. La Iglesia se descompone....

Martin Ellingham dijo...

No es una cuestión de paplatria, sino de fe.
La “papolatría” va más allá de los límites objetivos de la fe. Es una deformación de esta virtud
Planteo esta pregunta que no se contestarme: Cómo puedo pertenecer a una Iglesia en la que, dependiendo de dónde estés, podrás o no cumulgar si estás divorciado y casado nuevamente, en la que dependiendo con que autoridad eclesiástica hables, debes mostrarte radicalmente en contra del aborto o hay que ser prudente , en donde puedes ser profesor de religión, divorciado y juntado con otra pareja en tanto que a otra persona se le expulsa por el mismo motivo, simplemente porque ha tenido la osadía de manifestar su situación publicamente...
La situación que describe es la triste realidad de la época en la cual nos toca vivir. La historia de la crisis arriana, por ejemplo, debiera ayudarnos a no perder la fe en esta coyuntura. Hay que ir a lo seguro. Atenerse al magisterio cierto (FC, 84) y a la disciplina vigente (c. 915)
Esto da asco y punto, ni papolatria ni leches. La Iglesia se descompone....
Da esa impresión pero sigue vigente la promesa de Cristo: no perderá lo esencial de la fe, los mandamientos, la oración y los sacramentos